domingo, 24 de junio de 2012

DIALOGANDO CON LOS INDIGNADOS DEL MUNDO


¡No a la minería anti-vida!
 
Se suponía que la economía estaba al servicio de la humanidad, pero resulta que la humanidad es la que está al servicio de la economía. "No somos antisistema, el sistema es anti-nosotros". Se acabaron los sueños de un mejor mañana, ¿qué nos queda? ¿Protestar? "Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir".
Antes se protestaba contra la opresión, ahora los niveles de marginación son tan altos que parece que hoy los que protestan buscan ser explotados. "Se alquila esclavo económico". Estamos en los tiempos de la confusión, la confusión adrede. La cosa siempre ha sido la de siempre, pero hoy la niebla no permite ver el asunto. "Esto no es una cuestión de izquierda contra derechas, es de los de abajo contra los de arriba".
Al sistema le basta repetir las mismas promesas en cada elección y parece que a la gente le basta creerlas cada vez que le piden el voto, pero eso ya no es suficiente. O cambia la situación o nos lleva candanga. "Mis sueños no caben en tus urnas".
¿Qué será peor: la promesa o la explicación de porque no se cumple? Lo triste es que ya comienza a haber voces que justifica el no cumplimiento de la  promesa y esas voces no son de los que hacen la promesa, sino de los  que reciben la  promesa. "¡Nos mean y dicen que llueve!". 
En estos tiempos, la producción de alimentos ha alcanzado cotas nunca antes sospechadas por la humanidad, sin embargo, las hambrunas son aún una trágica noticia. El desarrollo tecnológico está en la más elevada cima histórica, sin embargo, aún hay gente que nunca ha visto un foco incandescente brillar. Hoy se habla de millones, billones y trillones y sin embargo, la  pobreza ha ido en aumento. Recuerda que ahora somos más. “No falta el dinero. Sobran ladrones". Hay que hacer algo y pronto. La vida de mucho está en juego. Pero parece no importar. Nos hemos acostumbrado. ¿Qué hacer? "No apagues la televisión... Podrías pensar".

domingo, 17 de junio de 2012

OLOGWAGDI ES UNA FORMA DE VIDA


“Nadie piensa en un ángel perdido en la multitud.”
Ahmad Elshahawy
La amistad no se encuentra en los diccionarios, sino entre los seres vivos y sus vivencias. Vivir sin un amigo o amiga por la sola fuerza emanada de una decisión tomada por el cariño, no es vivir, es vegetar. Pienso que una amistad no se tiene que justificar con otros argumentos diferentes a los dictados por la felicidad. Lo demás es lo demás.
Así las cosas, sé que muchas personas tienen muchas felices razones para celebrar la vida de Ologwagdi. Y eso es un hito en un país racista como Panamá, donde aún cholo y machigüa son sinónimos de idiota e ignorante.
Olo es sinónimo de apropiación; nació Armado Díaz, pero se parió Ologwagdi. Hace muchos años le escuché decir que ser indio no era cuestión de razas sino de como asumías la vida. Como ya dije, Panamá es un país racista, lo cual es una paradoja en un país de mestizos. Nunca he visto a Olo en ese plan. Apropiarse de un estilo de vida, no significa denigrar al otro, es asumir la propia vida y a Olo su estilo amoroso de vida, no le deja tiempo libre para odiar.
Olo es una mano abierta y nos brinda su arte. Al sentarse con él en una cantina o en un restaurante a tomarse una cerveza o un café, casi de inmediato va el hombre sacando papel y lápiz y plasmando para la posteridad al amigo o a la amiga. Quien no haya sido retratado por Olo, apúrese he invítele una cerveza o un café. Menciono el café para disimular un poco.
Y sobre todo, Olo es sabiduría. A esta altura del partido, he entendido que el sabio no es sabio por emitir con erudición muchas definiciones, el sabio es sabio porque los conceptos que domina tienen que ver con la armonía. No por gusto Olo, que es un ángel perdido en la multitud, tiene tantos amigos y amigas deseosos de encontrarlo y celebrar su vida.

sábado, 9 de junio de 2012

DE LOS CÓDIGOS Y LA ALQUIMIA


Detalle mural de Camilo Ravey
 
“¿Qué es cultura si no es lo que un colectivo ha heredado de su pasado y que quiere utilizar para transformar el futuro?”
Marco A. Gandásegui
Hace unas semanas vi como una niñita de tres años manejaba sin ningún problema un teléfono inteligente. Yo no soy capaz de manejar tal instrumento con la maestría de aquella bebé. Simplemente no entiendo sus códigos y la infante sí. ¿Y qué tiene que ver el arte de escribir cuentos con el manejo de un teléfono inteligente por parte de una nena? La respuesta es simple: quien domine los códigos del cuento, dominará su escritura con la misma maestría que la bebita mencionada maneja los íconos del teléfono inteligente. ¿Tan simple y sencillo es el asunto? Así de simple y sencillo, pero simple y sencillo no quiere decir fácil y suave.
Un código es un sistema de signos y de reglas que permite formular y comprender un mensaje. La literatura es un conjunto de códigos, por ende, los talleres literarios son para conocer y dominar esos famosos códigos. Pero esa no es su única función, por lo menos mi visión muy personal de ellos incluye otros quehaceres.
El oficio de escritor consiste en buscar, hallar y volver a buscar esos significantes y significados que permitieron, por ejemplo, a Pedro Rivera retratar la vida cotidiana de un barrio popular de Panamá y a Rogelio Sinán fusionar convenientemente la descripción de la biodiversidad marina con el entramado psicológico de una relación de pareja.
Sin duda alguna, Rogelio y Pedro son íconos nacionales. Pero ¿puede cualquier ser humano conocer y manejar a su antojo los códigos mencionados y así poder escribir cuentos o este arte es exclusividad de unos pocos iluminados por la gracia de quien sabe que espíritu? ¿La posesión de tal talento estará determinada por los genes? O por el contrario, ¿podrá un taller literario lograr que sus asistentes logren, en algún grado, el dominio del arte cuentístico?
Se dice que cultura es el conjunto de conocimientos que permite el desarrollo del juicio crítico y éste, a su vez, es la capacidad de comparar dos ideas para conocer y determinar sus relaciones. Entonces, me parece, que siendo el taller literario un espacio cultural, debe ser un espacio donde se fomente el pensamiento crítico entre sus participantes.
Otra definición de cultura afirma que en ella se recoge todo el quehacer humano. Esta definición, por cierto, no es del agrado de aquellos que consideran que las elites y sólo ellas son las cultas. De las masas únicamente brota barbarie, dicen ellos. Si cultura es la faena  humana, toda mujer y todo hombre deberían poder pasar por un taller literario y vincularse de alguna manera a la literatura. Pero si es lo contrario, que solamente las elites tienen la capacidad de ser cultas, el taller literario es para desalentar a quien no alcance el estándar predeterminado. ¿En qué clase de taller literario te gustaría participar: en uno incluyente o en uno excluyente? ¿Qué clase de taller necesita este país?
En el universo biológico, todo organismo transmite a la siguiente generación su información genética. En el cosmos cultural se trata de conocer y transferir lo conocido. ¿Conocer y transferir qué? Conocer lo que se tenga que conocer para mantenernos humanos. Conocer y transferir cultura. La cultura es cultura gracias a una red de imaginarios y códigos que nos diferencian de un hato de vacas. Transferir tal red es trabajo de la educación. La educación en general y los talleres literarios en particular son para que seamos más humanos.
Somos fruto de nuestra educación, tenemos el potencial para aprender lo que sea, para aprender lo que sea que nos sea permitido; por eso la nena del inicio de mi intervención, me gana manejando un teléfono inteligente. Sus padres la pusieron en contacto con tal tecnología; en cambio, para mis progenitores eso era imposible, en mi infancia tales aparatos no existían, lo más cercano era el zapato telefónico del agente Maxwell Smart.
Tanto el fracaso como el éxito en la educación parten del mismo punto: la nutrición emocional e intelectual en la niñez. Me llama la atención que en otros países hay novelistas treintones de reconocida trayectoria internacional. Esos países tienen sistemas educativos preocupados por fomentar la lectura y la creatividad. ¿Cómo andaría la escuela básica panameña si los niños y niñas participasen de talleres literarios? ¿Qué clase de universitarios serían? ¿Qué calidad de escritores y escritoras tendríamos en esta patria nuestra?
Para un taller literario es importante conocer el estado de salud de la educación panameña, así podrá elaborar mejores estrategias de incidencia en los centros educativos nacionales y, por ende, en la República de Panamá. Pienso que los talleres también deben involucrarse en la promoción literaria.
Si de algo tiene que cuidarse el escritor panameño, más el escritor panameño que quiera facilitar un taller literario, es de ser un improvisado incapaz de hablar de algo diferente al juego del yo-yo. El escritor panameño que facilita talleres literarios está obligado a ser una persona culta, y culto no es sólo repetir de memoria algunos textos sabios, culto es quien tiene suficiente criterio para saber porque tales textos son sabios. También debe conocer elementos mínimos de didáctica constructivista, porque si no es así, estará repitiendo el desastre del sistema educativo nacional.
En el siglo pasado, Pedro Correa y Ricardo Segura defendieron la idea de crítica literaria como un pacto de amor con la obra. Para el texto primitivo e insuficiente, no era necesario el ataque, bastaba el silencio. ¿Será que los talleres literarios deben ser un pacto de amor con la gente?
El amor y sus pactos son la razón de ser de los grupos. En el grupo, a diferencia del aglomerado, sus miembros tienen un objetivo en común, alrededor del cual interactúan y se interrelacionan. Cierto que hay un escritor experimentado a cargo del taller, cierto que su papel es esencial, que él es la puerta por donde ingresan al mundo literario los nuevos cuentistas, pero sin participación activa de los asistentes, no es taller, es una aburrida clase más. El taller es un esfuerzo de todas las partes involucradas, en ello radica su eficiencia y éxito. Podemos levantar de sus tumbas a Juan Rulfo y a Jorge Luís Borges para que nos dicten un taller hoy mismo, pero si nosotros no le metemos el pecho y las ganas al asunto, tal resucitación sería infructífera.
En el mundillo literario abundan los mitos: que tengo que obsesionarme con escribir una obra cien por ciento original (a lo sumo escribir es un mero reordenar lo ya dicho miles de veces por otros), que debo sentarme y esperar que la inspiración me asalte (escribir es un oficio y no una lotería), que estoy esperando escribir el cuento que me va a permitir caminar instantáneamente bajo los reflectores y sobre la alfombra roja (la mayoría de los escritores que hoy en día consideramos clásicos de la literatura universal, no conocieron en vida el éxito editorial), por cierto, nuestro gremio no existe en el producto interno bruto. ¿Para qué es el taller literario: para desmentir o para reafirmar los mitos?
Todo trabajo humano consiste en aplicar cierto conocimiento técnico y desarrollar capacidades específicas. Así es tanto para gobernar un país, como para atarse los cordones de los zapatos. En el caso del taller literario, es fácil concluir que su prioridad es resolver el dilema técnico, pero respecto a las capacidades, mejor conocidas como talentos, el asunto no es tan sencillo. Las aptitudes, en su mayoría, se adquieren en la primera infancia, así que es cierto que no todo adulto tiene la inclinación y habilidad para escribir literatura. Entonces, ¿qué hacer con quién no posea tal vocación? ¿Desecharlo? ¿Sumarlo a una actividad afín?
La literatura tiene valores estéticos y también éticos. Si expreso que el cabello rubio es bello, pudiera ser que no dejo espacio para que el cabello negro también lo sea. El roce entre los talleristas ayuda a descubrir los discursos escondidos en los textos. La literatura no está exenta de ideología. Las palabras no son inocentes, construyen o destruyen cosmogonías.
Hace un par de días escuché a una prestigiosa profesora afirmar que si bien no todo arte está comprometido con la sociedad, si es cierto que todo arte tiene efecto en la sociedad. ¿Por qué no discutir esos temas en un taller literario?
Un taller literario amplía el horizonte de sus miembros, allí se percatan de que hay algo más allá de los chismes de las telenoticias y debería ser así, porque ese es uno de los frutos de la  buena literatura. La buena literatura integra fondo y forma, su lectura se convierte en una experiencia rotunda y enriquecedora, hace más culto a quien entra en contacto con ella.
Escribir es construir con palabras. El escritor, por constructor, usa herramientas. Tal como un albañil o un carpintero. La diferencia es que no se pueden tocar con las manos, sino con la mente. Ellas son: la sensibilidad, la capacidad de observar, la imaginación y la cultura. Casualmente, estas herramientas las conocí en un taller facilitado por Héctor Collado.
Escribir, y específicamente, escribir cuentos es una forma especial de narrar historias. Es narrar con fricción. ¿Fricción? Sí, fricción. Es provocar una alteración en el lenguaje comúnmente utilizado y provocar un cambio de ánimo en el lector. Y esa alteración en el lenguaje se logra al friccionar entre sí a los personajes con las acciones y lubricando todo con las descripciones necesarias, solamente las necesarias, teniendo como resultado un conflicto y su resolución. Este concepto es una extrapolación que hice a partir de lo aprendido en un taller poético facilitado por el poeta cubano Roberto Manzano.
Otra extrapolación que hice, luego de comprender como lograr musicalidad en el verso libre, fue escribir textos narrativos que posean algún grado de ritmicidad. También lo aprendí en un taller literario, esta vez facilitado por los poetas Liliana Pinedo y Luís Guardia.
Gracias a Juan Antonio Gómez y Enrique Jaramillo Levi tuve que contestarme ¿Quién es escritor? Varias veces le he dado diferentes respuestas. Hoy, por lo pronto, la respondo así: un escritor, en sus inicios, es un asustado espécimen que no supo resolver por vías más comunes los problemas de la comunicación de todo buen adolescente. Luego se convierte en un rebelde sobreviviente de los campos de uniformización de esta sociedad llena de estereotipos. Por último, es un artista en búsqueda de su propio discurso estético. Este último concepto se lo aprendí a Rafael Ruiloba. Como que algo aprendí en los talleres que asistí.
La sociedad panameña, más que por formular juicios críticos, se caracteriza por  experimentar momentos críticos. Queda poco espacio para reflexionar. En esas condiciones, es probable que el asistente al taller literario busque en él la fórmula mágica que lo convierta rápidamente en escritor y le ahorre el esfuerzo de establecer nuevas conexiones neuronales, de construir conocimiento a partir del desarrollo del pensamiento analítico y sintético, de escribir cuentos con paciencia y oficio. Sin embargo, la premura impuesta por los conflictos sociales acorta el tiempo disponible, por lo menos, esa es la sensación que predomina.
También en las sociedades que viven de crisis en crisis, abundan los redentores; así las cosas, es muy posible, que algún facilitador de algún taller literario, sin tener la capacidad de elaborar juicios críticos, por lo tanto, sin ser idóneo, se lance a la aventura no muy agraciada de predicar recetas de hechizos y así fundar nuevas capillas, y así fundar su capilla.
Por suerte, esa no fue mi experiencia. En el primer quinquenio de la última década del siglo pasado pertenecí a tres talleres. Umbral Editores, José Martí y Amarte. Uno especialista en cuento y los otros dos en poesía. Todos me permitieron crecer a mi propio ritmo y, sobre todo, crecer en mi propio estilo. En ellos viví un ambiente rico en cultura, en desarrollo del pensamiento crítico. Los tres talleres desaparecieron, pero cumplieron su misión: dieron a luz a una nueva generación de escritores.
En la segunda mitad de los 90 florecieron los círculos de lectura y muy pronto se entronaron como el fenómeno literario dominante, incluso, de ellos egresaron nuevos escritores, y es precisamente el indudable éxito, aún vigente hoy, de los círculos de lectura y el apocamiento de los talleres literarios, que me indica que, posiblemente, estos últimos en Panamá tienen una falla de diseño.
Un seminario de creación literaria, con una fecha de inicio y otra de cierre, no es un taller. Un taller aspira a ser un espacio permanente. Son los círculos de lectura quienes se convirtieron en esos espacios permanentes. Y los talleres, ¿dónde están? Al contarlos, sobran los dedos de la mano de un desobediente yakusa. ¿Qué ocurrió? Por un lado, la férrea voluntad del profesor Ricardo Ríos Torres y de otros personajes y organizaciones, convencieron a un sector de la sociedad de la importancia de los círculos de lectura. Por otro lado, como el grueso de los escritores se auto publican, parece ser que ya nadie se siente obligado de convencer a otros, previamente, sobre la calidad de sus escritos. Como que lo más importante es la capacidad de pago a la imprenta y no la opinión de un grupo de colegas deseosos de que el libro publicado sea un sólido aporte a la literatura panameña.
Pero eso no ocurre en mi país ideal. En mi Panamá ideal existen muchos talleres literarios donde se abandona el instinto y se conoce el oficio. Se entiende que escribir por instinto es liberar en catarsis las emociones atrapadas en la psique. En los talleres literarios se aprende a escribir por oficio, a buscar en el mundo exterior y en el mundo interno las palabras que han de convertirse en literatura. En los talleres de mi Panamá ideal se busca, se crea y se vuelve a buscar. Y ese buscar y rebuscar tiene como resultado el manejo maestro de los códigos que les permitirán a los talleristas escribir un cuento, un buen cuento. Y un buen cuento es pensado y sentido por el autor, un buen cuento conmueve al lector y trasciende la cotidianidad. Sin sed de trascendencia, la literatura no es arte, es terapia ocupacional.
En conclusión, el taller literario, por lo menos el tipo de taller que existe en mi Panamá ideal, busca incluir a todos aquellos que se le acerquen, no porque puedan pagar la cuota, sino porque pueden convertirse en escritores o en críticos literarios o en promotores o en amantes de la buena lectura. Así como la bebita inicial de esta intervención tuvo la experiencia de entrar en contacto con un teléfono inteligente y aprendió a manejarlo con maestría, así mismo los talleres que defiendo ponen a sus miembros en contacto con la literatura y allí aprenden, con destreza, de cultura, arte, literatura, vida. En mi Panamá ideal abundan los talleres literarios que tienen un pacto de amor con la gente.

domingo, 3 de junio de 2012

ANALFABETOS FUNCIONALES: ¿FRUTOS DE LA EDUCACIÓN?


El eterno Damocles
 


“Cada minuto que dedico a la lectura, es un minuto que no dedico a discutir tonterías.”

Marcos Méndez
¿Puede un niño o niña pasar 6 años en la  escuela primaria y llegar a la pre-media siendo analfabeta? Sí puede. ¿Cómo? Puede fracasar en todos las tareas de español, pero sacar las más altas notas en educación física y pasa el año escolar. Claro, estoy exagerando, ¿verdad que el sistema educativo panameño está pendiente  y supervisa que nada así pueda ocurrir? ¡Jajajaja!
La intención de la educación panameña es erradicar el analfabetismo clásico, no así el analfabetismo funcional. Un analfabeta funcional, en teoría sabe leer y escribir, sin embargo, es incapaz de poder leer y escribir eficientemente, es decir, lee sin entender y comprender lo leído. La educación panameña no se plantea el analfabetismo funcional como reto a superar, sino es así, ¿por qué el hábito más escaso entre Paso Canoa y Jaqué es, precisamente, el hábito de la lectura?
Un analfabeto funcional de estudiante se conformaba con copiar y pegar textos del rincón del vago en Internet. Al final, el resultado es un profesional mediocre. ¿Quién pondría su salud en manos de un médico que no está actualizado?
¿Cómo contribuye la educación panameña en el nacimiento de los analfabetos funcionales? Así lo hace: leer se asocia al castigo y no al placer. ¿A dónde se envían los estudiantes que están molestando? ¡A la biblioteca! ¿Cuántas veces a la semana los estudiantes ven a sus maestros leer frente a ellos? ¿Qué no hay tiempo? ¿Seguro? ¿O será que lo menos importante es prioridad?
Quizás la más importante de las causas del analfabetismo funcional es la forma de evaluación de la lectura, específicamente, de la lectura de literatura. La literatura es para reflexionar, para imaginar, para gozar; el sistema evaluativo panameño, por el contrario, es para memorizar, para repetir, para salir del paso. ¿Cómo, entonces, salir con el hábito de lector?

domingo, 27 de mayo de 2012

LO ESENCIAL ES QUE ¿NO HAY ESENCIA?



 Encintada y en soledad


“La búsqueda de la esencia pura, en realidad, es una práctica fascista.”

León Salvatierra
Hace algunos meses leí en una tela colgada por ahí: Dios no cambia. Confieso que me chocó leer tal sentencia. Es que esa es la excusa de aquellos que supuestamente son dueños de la palabra divina para, no sólo no cambiar ellos, sino para procurar que nada ni nadie cambie. ¡Prohibido evolucionar! ¡Prohibido adaptarse a la cambiante realidad!
No podemos perder de vista que afirmar que nada cambie es alegar que la injusticia y la inequidad se deben quedar tal como están: reinando entre nosotros. Prohibir la evolución social es prohibir el hacer algo para poner punto final al reino de la infamia.
Los defensores del imperio de la  inmoralidad, porque una injusticia es un acto inmoral, acusan de ateo a todo aquel que no este de acuerdo con la proclama de un dios que promete una vida buena en la otra vida, mientras se vive una mala vida en esta vida. Considero que la fe en Dios es una relación tan íntima y personal como el tener sexo con la persona amada, y por lo tanto, nadie debe inmiscuirse en ella. Pero ellos, los inmorales, tienen que inmiscuirse; ¿por qué? Porque así obtienen su pedazo del pastel de la desvergüenza.
Lo chistoso del asunto es que estos siniestros personajes se apuran a encender las hogueras donde achicharran a sus acusados de herejía, para, pasado un lapso de tiempo, con golpes de pecho y lágrimas compungidas, elevarlos a los altares. A veces, muy pocas veces, piden disculpas después de pasados unos cuantos siglos de cometido el crimen. 
¿Y quiénes son los herejes? Los herejes son aquellos que piensan que tienen derecho a pensar como quieran. Los que piensan que el universo es demasiado grande como para que sólo exista una sola respuesta a la pregunta: ¿Qué es el universo?

domingo, 20 de mayo de 2012

DOS POR TRES A VECES ES SEIS


El elefante blanco se abre paso

“Mañana llega Ulises y pone orden.”
Benjamín Ramón
¿Cuándo dos por tres no es seis? ¿Acaso la aritmética puede fallar? Si puede fallar. Hay ciertas operaciones que las matemáticas no pueden resolver. Es más, no deben intentar resolverlas. Por ejemplo, tratar de dividir o multiplicar las verdades poéticas. Inicialmente, podría pensarse que las verdades poéticas están más alejadas de la realidad objetiva que las matemáticas. No necesariamente siempre es así. Si hay algo permanente en la realidad objetiva es que permanentemente pierde parte de su objetividad. Puede ser minúscula, incluso microscópica, pero constantemente cambia y al cambiar, quien la observa pierde capacidad de observarla tal cual verdaderamente es. Así el observador se ve obligado a hacer ajustes que le regresen la lucidez de atención de la nueva situación, pero cuando ya supone haber logrado las adaptaciones pertinentes a la nueva situación, resulta que la nueva situación ya es una  vieja situación.
Las verdades matemáticas se fundamentan en verdades ideales e incambiables, ninguna transformación en la realidad objetiva las afecta. La poesía se fundamenta en las verdades del mundo interior del poeta. 
Un poeta, una poeta no es un marciano. Su mundo interior es fruto de interacciones con el mundo exterior. Así su poesía es un producto procesado de la realidad objetiva. Por ejemplo, un poeta o una poeta panameña al mostrarnos parte de su mundo interior, puede que nos muestre parte de Panamá. Puede ser que nos hable de folclore, ruinas o canal. Puede que nos hable de un multitudinario escándalo que esconde a la soledad. O puede ser que nos hable de un bus musicalizado donde todos cantan, no en coro, sino en medio del caos.

sábado, 12 de mayo de 2012

LA ESCUELA DEL ODIO


El prestamista y su mujer (Metsys)

“Las estadísticas dicen que 1200 personas poseen más del 3 por ciento de la fortuna privada mundial, mientras que la mitad de la humanidad apenas cuenta con el dos por ciento de esos bienes.”
Harald Welzer
¿Por qué si la humanidad pudo dejar atrás prácticas como el sacrificio humano en los altares, no ha podido olvidarse del racismo y el feminicidio? ¿Por qué? Porque el racismo y la discriminación de género son las escuelas donde se aprende a discriminar, donde se aprende a odiar al otro. Así se garantiza el status quo de la principal de todas las discriminaciones: la que ejercen los poderosos y ricos, sobre los débiles y pobres.
Si bien es cierto que el mayor y más permanente conflicto humano nació cuando un jefe guerrero se hizo dueño de un pedazo de tierra, también es cierto que no siempre queda claro que el meollo de las pugnas sociales tiene que ver con el control del poder político y de la riqueza. Por ejemplo, ¿cómo relacionar el trato opresor de un esposo sobre su cónyuge con el sistema económico imperante?
Las discriminaciones, para cumplir su misión de mantener intacta a la jefa de todas las exclusiones, se disfrazan de buenas razones: las tradiciones, las buenas costumbres, el orden establecido. Así el discriminador siente que está haciendo un bien marginando a otro ser humano. En realidad, lo único que está haciendo es, directa o indirectamente, defendiendo los intereses de las elites ricas y poderosas de su sociedad.
Resumiendo, para mantener a las mayorías listas a odiar a aquel que atente contra sus intereses, las minorías las entrenan con el racismo y el feminicidio. Es más fácil para un hombre odiar a aquel que grite ¡Abajo la injusticia! Si antes odia a la mujer que dice amar.

domingo, 6 de mayo de 2012

ESA ESPECIAL ARROGANCIA


Entre la flor y la pared
“Experiencia no es lo que a uno le pasa en la vida, sino lo que uno aprende de lo que le pasa.”
Eduardo A. Casati Pastor
Descubrir una gran verdad y ser humilde no es tan común. Descubrir una gran verdad y ser arrogante es lo más común. ¡Y qué maravilla que así sea! Bueno, a veces, por ejemplo, en el caso de los jóvenes descubrir una verdad y ser arrogante es parte de un proceso. Ser viejo, descubrir una verdad y ser arrogante es una necedad. Ese tipo especial de arrogancia es el arma para defender la verdad descubierta. Defenderla de dudas como: ¿Cuál es esa verdad? ¿Y es qué la verdad existe? ¿O es que hay varias verdades? ¿Y el que algo sea verdad también lo hace valioso? ¿Qué hace a una verdad valiosa?
Ojalá y esa verdad o verdades valiosas sean que se puede ser uno mismo, que se puede ser solidario, que se puede vivir alegre y en libertad. ¡Qué se puede ser feliz y hacer feliz a los que nos rodean¡ Ojalá y esa verdad sea concluir que no es necesario ser arrogante.
Sin embargo, el descubrir una verdad, cualquiera que ella sea, siempre es inquietante. Despierta inseguridad, se necesita que el otro también descubra nuestra verdad como su verdad. Así nace la arrogancia, como coraza protectora contra esa desconfianza. Se necesita sobrevivir a muchas, muchas, pero muchas equivocaciones para descubrir una verdad y comportarse humildemente.
Por eso no presto atención a los arrogantes, sólo me pregunto: la verdad de este arrogante, ¿también puede ser mi verdad? Si la respuesta es positiva, me quedo con la verdad y me despido del arrogante.

jueves, 26 de abril de 2012

PANAMÁ: ¿TERRITORIO HOSTIL?


Llegó la hora
 
“Pero es su escasa incidencia política en las instituciones reales del poder y su rechazo a utilizarlas para revertir la situación, donde radica su talón de Aquiles.”
 Marcos Roitman Rosenmann
Encontrar una oración, una frase o un refrán donde las palabras Panamá y hostil convivan bajo el mismo techo, no sólo es poco común, es casi inverosímil. Somos la nación del pro mundi beneficio. Turistas, inmigrantes e inversionistas así lo constatan. ¿Será igual para los nacionales? Me interesa, específicamente, lo que concierne al quehacer literario.
Para contestarme, usaré una táctica abominable, voy a comparar. Hace unas semanas leí el informe de cierre del año 2011 del Programa Promoción de la Literatura Nicaragüense llevado adelante por el Foro Nicaragüense de Cultura. Casi muero de la impresión. ¿Cómo en Nicaragua, un país cuya economía apenas si supera un tercio de la panameña, pueden registrarse datos tan significativos?
Veamos las cifras. El equipo responsable del mencionado programa está formado por 42 mujeres y hombres de diversas áreas profesionales, en especial, por escritores y escritoras, docentes universitarios y críticas y críticos literarios. Una vez escuché que en Panamá el individualismo tiene tal fuerza que en un grupo de tres personas, dos son gobierno y una es la oposición. Nos cuesta formar equipos de trabajo y más entre literatos.
Un dato muy importante, más de la mitad del equipo tiene su campo de acción fuera de la ciudad capital, fuera de Managua. Si nuestro país fuese representado por un cuerpo humano, tal organismo cargaría sobre sus hombros una enorme cabeza; así de inmenso es el centralismo en Panamá.
El equipo visitó 113 centros de estudios de doce departamentos y dos regiones autónomas (de un total de 18). Colegios, escuelas, escolares. ¿En Panamá podemos aspirar a que los recitales se repleten con cientos de personas? Sí, claro que sí podemos aspirar a cumplir tal meta; lo haremos el día que comprendamos que los públicos se cultivan y se cultivan desde la escuela, mejor aún, desde el jardín de infancia.
Los escritores y escritoras del equipo realizaron 279 charlas y lecturas de sus obras a un total de 18,206 estudiantes. ¡18,206! Inicialmente pensé que el Foro pudo alcanzar esas cifras gracias a que cuenta con financiamiento internacional. Las agencias europeas, canadienses, estadounidenses y japonesas no patrocinan, mayormente, proyectos culturales en Panamá; aducen que aquí el producto interno bruto es muy, pero muy alto. Conclusión, los euros hacen la diferencia. Conclusión equivocada. Las agencias europeas patrocinan el 44.45%, el Estado Nicaragüense aporta el 30.86% y el Foro y su gente el 24.69%. Simples aritméticas, de cada 100 dólares invertidos en el proyecto, redondeando, 44 vienen de afuera y 55 son gestionados por los nicas. ¿Será que es cosa de voluntad?
En los países del primer mundo, la población de lectores está arriba del 54%; sus sistemas educativos y familias se preocupan porque así sea. ¿Y acá? ¿Quién se preocupa que sea así? ¿Nuestros ministerios de educación? ¿Nuestras familias? Los primeros están enredados en sus propias patas y las segundas están atropelladas por las angustias económicas, que es un eufemismo para decir que están seducidas por el consumismo. ¿Quién queda? ¿Acaso seremos los escritores?
En nuestro medio hay muchos y buenos ejemplos de escritores y escritoras llevando adelante bellos proyectos de promoción de la lectura y de la literatura panameña. No quiero correr el riesgo de olvidar alguno al enumerarlos. Y precisamente ese es el problema: la disgregación. El proyecto A es llevado adelante por fulano, el proyecto B por zutano. Fulano y zutano no son capaces de trabajar juntos (generalmente sus razones son intranscendentes). El proyecto A y el proyecto B se desarrollan en paralelo con una consecuente deficiente administración de los recursos.
Hace un par de años, en una entrevista periodística, el maestro y director de orquesta Néstor Castillo afirmó que Panamá es un país hostil a las artes. ¡Y por supuesto que lo es! ¡Y por muchas razones! Las elites dueñas de las riquezas son amantes extremas de las sinfonías provenientes de las cajas registradoras y la clase política responde a los intereses de los dolarmaniáticos. El resto de la población imita tal comportamiento, lo acepta como parámetro determinante del éxito.
Igual ocurre en otras latitudes. Igual ocurre en Nicaragua, pero con una grave diferencia. En la entrada del Instituto Nicaragüense de Cultura, en el antiguo Palacio Nacional, se encuentran dos enormes retratos, uno del poeta Rubén Darío y el otro del general Augusto C. Sandino. Dos íconos de la identidad nacional nicaragüense. El poeta y el guerrero. Dos figuras cuya trascendencia es reconocida, incluso, por quienes aún hoy día no comparten sus credos estéticos e ideológicos.
¿Y en Panamá? A la entrada del Teatro Nacional ¿el retrato de quien o de quienes colocaríamos? Se me ocurren tres figuras: el presidente Belisario Porras, el presidente Arnulfo Arias Madrid y el general Omar Torrijos Herrera. Tres personajes fundamentales en la historia de la política panameña, pero que no son símbolos de unidad nacional. Los seguidores de Arnulfo denigran a Omar y los seguidores de Omar hacen lo mismo con Arnulfo; Belisario cada día está más relegado al olvido. Además, para lo que atañe a este artículo, ninguno fue escritor o cosa parecida. ¿A quién colocaríamos? ¿Al campeón mundial de boxeo Roberto “Mano de Piedra” Durán? Hay un problema en el imaginario panameño. Mientras no se incluya en él a hombres y mujeres con trayectorias en la literatura panameña, la literatura seguirá siendo un mero pasatiempo.
 Hoy en día, quien busque abandonar la categoría de aficionado y desee profesionalizarse en cualquier campo necesitará, por fuerza, trabajar en equipo. Aquellos días del científico solitario encerrado en su laboratorio, ya son cosa del pasado. A nosotros los panameños como nos cuesta formar equipos de trabajo y más a los literatos panameños.
Sin el trabajo en equipos se realizan simultáneamente actividades con iguales objetivos, no se aprovechan de la mejor manera los recursos, no hay una programación común y menos un macro proyecto. Y sobre todo, no hay acumulación de poder. En un país donde las figuras icónicas son políticos, en un país donde la clase política apenas si sabe leer el libro “Quiero aprender”, el que los escritores panameños no seamos capaces de ponernos de acuerdo en cosas mínimas y así trabajar en conjunto, se traduce en marginación que se manifiesta en la poca seriedad con la que se escucha en los círculos del poder al escritor y escritora panameña. Dicha marginación alcanza niveles insultantes fuera de la ciudad capital, en las provincias del llamado interior.
Pero hay buenas señales, no las voy a negar y, precisamente, porque hay luz al final del túnel, no tengo la menor intención de ser condescendiente. Porque es la aquiescencia la madre del conformismo. Y el conformismo en Panamá se ha convertido en veneno mortal.
No voy a dedicar las líneas que me quedan a hablar de lo que debe ser el funcionamiento del INAC (Instituto Nacional de Cultura) o del MEDUCA (Ministerio de Educación) o de la UP (Universidad de Panamá); no soy oncólogo, así que no puedo hablar de casos terminales. En dichas instituciones, por cada funcionario con deseo de trabajar hay cuatro esperando la hora de salida. Y me duele el  alma por los maravillosos funcionarios que conozco laboran en dichas instituciones, esos que tienen ganas de construir patria, me duele ver como van perdiendo la chispa, o mejor dicho, ver como le van apagando la luz.
Voy a dedicar las líneas que me quedan a los escritores y escritoras panameñas. En la República de Panamá la mayoría de la gente está dormida, por ser amable y no decir que caminan como zombis. Pero hay un segmento de la población que está sedienta de conocimiento y de cultura. ¿Y quién está calmando esa sed? Las religiones. Sí, las religiones, las que creen en Dios como las cristianas y las que creen en el mercado como las ventas multi-nivel. ¿Han visto la transformación que ocurre en un individuo cuando se compromete con una iglesia o se involucra en la venta de pastillas para adelgazar? ¿Verdad que has visto su cambio de actitud? Igual metamorfosis he visto en personas involucradas en un taller literario o en un círculo de lectura. ¿Quiénes serán los llamados a concretar tales actividades?
En 1990, a pocos meses del retiro de las tropas invasoras, aquí en Panamá comenzó un proceso sumamente interesante. Hubo otro bum, ya no el de las bombas, sino el de las publicaciones, el de los talleres literarios y el de los círculos de lectura. En la última década hubo tres nombres que resaltaron en la reconstrucción del quehacer literario panameño: Enrique Jaramillo Levi, Héctor Collado y Ricardo Ríos Torres. ¡Lástima que trabajaron separados! ¿Cuál sería el estado actual de las letras panameñas si hubiese sido lo contrario? Pero repetimos la historia en espiral. Hay muchas iniciativas maravillosas caminando, pero disgregadas. ¡Y un cuerpo disperso es un cuerpo sin poder y listo a ser ignorado!
¿Será que es más cómodo ocuparse de una capillita? ¿Abandonarse a la mediatización reinante? ¿Mediatización está más cerca de mediocre o de pensante? Sin asco a la insignificancia, ¿puede haber trascendencia?
Editar un par de libritos y realizar unos cuantos recitales no resuelve las tareas pendientes. Sin escritores y escritoras panameñas comprometidas con la ciudadanía los libritos seguirán siendo poco leídos y los recitalitos seguirán con públicos exiguos. Habrá quien diga que ese no es un problema de los escritores, entonces, ¿de quién es? ¿De quiénes están interesados en que persista el imperio de la vulgaridad?
El Foro Nicaragüense de Cultura llama guerreros a los escritores comprometidos con el Programa Promoción de la Literatura Nicaragüense. ¿Y en Panamá? ¿Cómo tendríamos que autodenominarnos? ¿Boabdiles? (Este señorito fue el último rey moro de Granada; les recomiendo investiguen que palabras usó su madre para recriminarle la pérdida del reino.”)

domingo, 22 de abril de 2012

ESE OTRO TERRITORIO LLAMADO MATRIA


           "De donde este bullicio
Este color de cielo que revienta”

Un poeta no es un científico social, lo suyo no es manejar las cifras que definen a una sociedad; entonces, ¿qué es lo propio del poeta? Lo del poeta es la poesía y la poesía es algo más que unos versos plasmados en una hoja o pantalla de computador.

“Qué era la patria entonces:
Apenas un árbol”

De acuerdo con el poeta cubano Roberto Manzano la poesía ordena las emociones y para el sociólogo panameño Janio Castillo Candanedo el poeta debe releer la realidad, apropiarse de ella y reinterpretarla desde la poesía.

“¿La patria es sólo un nombre?
¿Es acaso una fecha?”

El nacimiento de Panamá encuadrado por dos leyendas: la dorada y sus héroes astutos, y la negra y sus piratas traidores. Benjamín Ramón, en su poemario otro territorio, nos aleja de tales mitos y nos acerca a la verdadera patria, o más bien, a la esencial matria. Puede ser que la patria se pueda definir con cifras y estadísticas, con fronteras y guerras; pero la matria es otra cosa, es un espacio en la memoria. Por eso Benjamín se cuestiona, nos cuestiona, la cuestiona. No osa catequizarnos, ni una sentencia lapidaria. Sólo preguntas, sólo sugerencias, sólo provocaciones. Otro territorio es un apropiarse de la realidad, es un reordenamiento de las emociones que despierta esa tierra que dicen que nos vio nacer, pero que tantas veces se comporta como si fuese una indolente invidente.

domingo, 15 de abril de 2012

LA LITERATURA PANAMEÑA Y LA IDENTIDAD NACIONAL


Alto (Dece Ereo-Panamá)
 
“Pero la literatura, como cualquier otro discurso, está no sólo inserta en la realidad, sino que es un modo de construir, conocer y atravesar esa realidad.”
Luís Martín Cabrera
La historia tiene dos versiones: la oficial que se encuentra en los libros de textos, y la literaria que se está en las novelas. Habrá quien diga que esta última no es fiable, pues es la opinión del autor, pero muchos acontecimientos no se hubiesen conocido sin la literatura.
Para muestra un botón. Aquí en nuestra patria panameña, comparemos los textos de historia tradicionales con las novelas del insigne Joaquín Beleño, específicamente, GAMBOA ROAD GANG. En los primeros, lo más probable es que no encontremos mención alguna sobre el régimen discriminatorio de las leyes penales vigentes en la entonces Zona del Canal, sin embargo, la obra mencionada nos ayuda a comprender cabalmente el significado profundo de la palabra racismo. ¿Quieres saber como eran tratados los del silver roll? Lee esta novela.
La identidad panameña se fue perfeccionando a lo largo del siglo XX en oposición a la ocupación colonial de la zona de tránsito. En los informes oficiales, emanados de los documentos gubernamentales y empresariales, ello no fue así, como que las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América siempre estuvieron caracterizadas por el respeto y la buena convivencia. No por gusto fechas como el 9 de enero de 1964 y el 20 de diciembre de 1989, son obviadas o minimizadas sus consecuencias.
La literatura panameña es vital en la formación de ciudadanos. Por ella se puede conocer historia nacional no oficial, es decir, no tergiversada por los intereses políticos y económicos. ¿Acaso nuestra separación de Colombia no está nublada por la llamada leyenda dorada? Además, leer novelas históricas es la excusa perfecta para una conversa entre amigos patriotas. ¿Verdad?

domingo, 8 de abril de 2012

DEL DOLOR COMO EL SENTIDO DE LA VIDA


Vida ardua
 
“Ser piedra es fácil, lo difícil es ser vidrio.”
Proverbio chino
Si el sentido de la vida es la dirección que lleva ella, no hay más sentido que enrumbarnos a la muerte; si sentido, en cambio, se refiere a sentir, la vida tiene muchos sentidos: seguridad, pertenencia, utilidad, auto-realización y otros. Entre los otros hay uno muy utilizado para darle peso a la vida, para revestirla de gravedad. Ese otro sentido al que me estoy refiriendo es el de convertir la vida en un dolor, un enorme dolor.
Puedo entender que para darle importancia a un evento, afirmemos que tiene sentido y es coherente con el resto de nuestros eventos. Lo que no puedo comprender es por qué hay que demostrar que un acontecimiento nos hace sufrir, para que tenga alguna importancia.
¿Será qué se debe a nuestra herencia religiosa que define este mundo como un valle de lágrimas? ¿Será qué para ser héroe hay que tener heridas y cicatrices? ¿O será que nos sabemos frágiles y creemos que llenándonos de dolores nos adelantamos al inevitable colapso?
No lo sé, lo que sí sé es que es un total absurdo no buscar ser feliz. Si he de sufrir que sea porque luego gozaré. Algo así como la parturienta, que es dividida en dieciséis pedazos por el tormento de expulsar un ser de su interior, pero que todo el daño queda saldado al ver a la nueva criatura. Pero, insisto, no entiendo por qué alguien prefiere estancarse en el dolor. 
La función del dolor es alertar sobre un inminente daño al organismo. Es para alejarse o enfrentar el peligro. Lo contrario es contra natural. Estoy convencido que valorar la vida por la cantidad de dolores que carga es un proceder aprendido, y como tal se puede desaprender. En eso consiste el éxito de la literatura de auto-ayuda. Pero no hay libro que me salve, sino canto a todo pulmón: “Tengo derecho a la felicidad”. Por cierto, ¡feliz paso del dolor al gozo!

sábado, 24 de marzo de 2012

TAXONOMÍA ETOLÓGICA DE UN CUENTENSE

Esa especial luz

“El escritor no tiene más responsabilidad que la estética; no tiene que esforzarse en rescatar la memoria, sino en crearla.”
Miguel Ángel Gálvez                                           
Todos los seres humanos están dentro del orden Intimidae,  ya que todo hombre y mujer posee un mundo interior. Pero no todos prestan atención a dicho universo, sea porque es diminuto y difícil de encontrar o tan extenso que asusta. Y entre aquellos que perciben su interioridad, sólo unos pocos escriben lo que hallan en él. Estos últimos se clasifican dentro de la familia Artísticus. Estos individuos evolucionan desde el silencio hasta el grito. Tienen genes dados por la educación, la familia o un personaje de las artes.
Entre los Artísticus nos interesa el Homo cuentense. Su etología incluye describir y narrar, significar y valorar. Su nicho ecológico depende del tratamiento dado a un conflicto, así el cuento es verosímil o no.
Entre los cuentenses tenemos algunos que habitan un ecosistema densamente literario. Esos que van compaginando su vida con la literatura. Ellos arrastran a sus novias a eventos “culturosos” (Aunque las pobres prefiriesen estar en otra parte con gente menos estiradas), buscan amigos vinculados a las letras (Es la única forma de chismear sobre otros escritores), tienen profesiones que les permiten escribir y cuando leen un cuento lo hacen preguntándose: ¿Cómo habría yo escrito esta historia?
En fin, el Homo cuentense habitante del nicho ecoliterario, es un hombre o una mujer que más que realizar la actividad de escribir, vive la actitud de escribir.